Apendicitis crónicas (las páginas colgantes)

TEORÍA DE LA PROSA - IRRESPONSABILIDAD DEL VERSO - IMAGINACIÓN DEL ENSAYO - INCERTIDUMBRE DE LA REFLEXIÓN

Visión de la caducidad



Repaso en mí esta alta sensación de integridad. Es como un globo de feria rojo y tenso que afecta entre mis sienes la vocación nivosa de mi vida. 

En el aire habita la inhóspita transparencia del presagio pero yo considero que me he habituado al presagio y al aire en el que acampa.

A veces me siento un extranjero de la velocidad con la que nunca nos ocurre el tiempo de estar bien. Estamos en estos largos momentos de las palmas de las manos solas, astillados de una lentitud grávida, carenados y tristes esqueletos de una navegación ajena al mar y cercana a las águilas. Siempre ocurre después de la desgracia que el mundo se enlentezca de misericordia paradójica.

Puedo pensar en sal y estar desarrapado ante la luz que conquista los gestos en la vida y se acuartela decidida dentro de esta garganta sin milagros ni súplicas. Callo igualmente aquello que sé y lo que no sé.
Hago lo que tengo que hacer con el entrenamiento de mis manos y la obediencia parda de mi lengua. Es mi deber. Por él estoy aquí.

Espero, sin embargo, en son de piedra, que ocurran las hazañas de uñas melancólicas y que los hombres y los niños canten como si un potaje de la vida del mundo tuviera a bien llenar el eterno vacío de sus ansias. Pero eso nunca ocurre. Apenas nos ocurre la calma o el desastre, como si la baraja de este pequeño espacio implicara tan sólo esas dos cartas. Estamos obligados a jugarlas con los ojos puestos en la frontera donde se han detenido sin visa los milagros.

Si giro los ojos, sólo veo una desorientada vastedad donde hasta las madres han entregado el rostro de sus hijos. Las imagino en sus casas de ausencia, huyendo de sus ojos en todos los espejos por no mirar las lágrimas ni el habitable espanto en que la rebelión acabó por convertirlas.

Escribo casi al tacto un diario torpe en un cuaderno sucio, mientras espero que terminen mis hombres de enterrar a los muertos y que caiga la tarde una vez más.

(De: Ius soli)

                                                                                                          Imagen: Album de la tropa

Revenge







Una resaca vidriosa le tiene embarulladas las ideas y sin ángeles las manos.

La sensación es grotesca, viscosa, como si las neuronas hubieran engordado repentinamente, empujándose hasta el punto de obstaculizar las sinapsis. Las ideas se le antojan atrapadas en un embotellamiento de tránsito, sin poder circular desde el pensamiento hasta los labios sobre los que conserva una sensación de paja seca que se extiende a la lengua.

En el enorme mareo danza el mundo.

Seguramente, en vez de dormir se ha desmayado y por eso se recupera así, en ese estado de muñeco desaliñado y tosco, despatarrado con incomodidad sobre el suelo igual que el resultado de un tropiezo. 

Abre los ojos a esa sensación hostilmente amorfa en que su cuerpo huele a queso rancio y trata de entender su alrededor. Pero está solo. Echado encima de su propia desidia, está y se siente solo, como un menesteroso o como un refugiado que llega el último a las carpas de hule y tiene que acampar a la intemperie, lejos de los demás, fuera del mundo de todos los demás.

El zumbido de la vida le roza estrepitosamente los oídos, pero la sensación de sí mismo es vulnerable.

En esa soledad mutilada, sabe cuánto ha llorado la noche anterior y cuánto ha blasfemado contra los dioses muertos y de tanto sollozo y de tanta maldición, la garganta le duele como un tajo que sangra hilos de hiel.

Todo se ha vuelto ácido en su boca acostumbrada al vómito.

Se incorpora con dificultad ebria y el mareo le revuelve la náusea y le clava colmillos en las sienes, lo mismo que la fiebre.

Con paso paquidérmico intenta encarar el mundo que da vueltas y que chorrea cántaros pringosos por su rostro enjutamente seco. Suda toda su fuerza de voluntad un espesor selvático en que conviven los vivos con los muertos mientras cantan los pájaros que luego del combate retornan del espanto hasta sus ramas.

En el campamento todos duermen aún envueltos en un hálito disfónico.

Orina como puede, sujetándose a un árbol como un mico que juega. Vomita una vez más, como si todo su interior se disgregara expulsando rotos trozos del alma que se le pudre adentro, atacada también por los secretos resortes de la enfermedad.

—Ahora no…puto virus de mierda…– se enfurece– Tengo mucho que hacer.

Tiene un recuerdo vago de la noche como si entredormido hubiera presenciado una película bélica en 3D que no quiso mirar.

En la película moría mucha gente que había ido de compras al mercado. En las películas de guerras siempre muere mucha gente que va de compras al mercado. Por un momento piensa en Bagdad o en otros sitios con mercados donde muere la gente que está haciendo las compras.

La voz lo sorprende abstraído en el charco de los vómitos.

Oye la voz como si él no estuviera allí, sólo la voz y el vómito que la tierra termina por beberse.

Habla con la voz por la frecuencia de radio pero aún no está allí. Después de oír la orden da la suya a esa tribu dormida que regresa despacio a la conciencia.

—Vamos por ellos, señores…Están a dos kilómetros…Esta vez no se van a salvar.

Una jauría de hombres sale de cacería bajo el sol. 


Participan en este sitio sólo escasas mentes amplias

Chocolate bombón

En tu cuarto hay un pájaro (de Pájaros de Ionit)

Un video de Mirella Santoro

SER ISRAELÍ ES UN ORGULLO, JAMÁS UNA VERGÜENZA

Sencillamente saber lo que se es. Sencillamente saber lo que se hace. A pesar del mundo, saber lo que se es y saber lo que se hace, en el orgullo del silencio.

Valor de la palabra

Hombres dignos se buscan. Por favor, dar un paso adelante.

No a mi costado. En mí.

Poema de Morgana de Palacios - Videomontaje de Isabel Reyes

Historia viva - ¿Tanto van a chillar por un spot publicitario?

Las Malvinas fueron, son y serán argentinas mientras haya un argentino para nombrarlas.
El hundimiento del buque escuela Crucero Ara General Belgrano, fue un crimen de guerra que aún continúa sin condena.

Porque la buena amistad también es amor.

Asombro de lo sombrío

Memoria AMIA

Sólo el amor - Silvio Rodríguez

Aves migrantes

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Feria del Libro de Jerusalem - 2013

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Café literario - Centro de convenciones de Jerusalem

Acto de fe

Necesito perdonar a los que te odiaron y ofendieron a vos. Ya cargo demasiado odio contra los que dijeron que me amaban a mí.

Irse muriendo (lástima que el reportaje sea de Víctor Hugo Morales)

Hubo algo de eso de quedarse petrificado, cuando vi este video. Así, petrificado como en las películas en las que el protagonista se mira al espejo y aparece otro, que también es él o un calco de él o él es ese otro al que mira y lo mira, en un espejo que no tiene vueltas. Y realmente me agarré tal trauma de verme ahí a los dieciseis años, con la cara de otro que repetía lo que yo dije tal y como yo lo dije cuarenta años antes, que me superó el ataque de sollozos de esos que uno no mide. Cómo habrá sido, que mi asistente entró corriendo asustado, preguntándome si estaba teniendo un infarto. A mi edad, haber sido ese pendejo y ser este hombre, es un descubrimiento pavoroso, porque sé, fehacientemente, que morí en alguna parte del trayecto.

Poema 2



"Empapado de abejas
en el viento asediado de vacío
vivo como una rama,
y en medio de enemigos sonrientes
mis manos tejen la leyenda,
crean el mundo espléndido,
esa vela tendida."

Julio Cortázar

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.
1a. edición - bilingüe