Apendicitis crónicas (las páginas colgantes)

TEORÍA DE LA PROSA - IRRESPONSABILIDAD DEL VERSO - IMAGINACIÓN DEL ENSAYO - INCERTIDUMBRE DE LA REFLEXIÓN

Animalma



A veces extraño al Mish. Me faltan sus enojos rayando mi cintura y su rugido ronco de anciano con asma, acomodándose a mi mal dormir.

Ahora tengo a MacPerry, que no sé por qué se me pegó, si es Roig quien le da de comer y es Roig quien se lo trajo trotando a su costado de sargento, como un soldado más.

Todavía no sé si es un perro o un resorte con un perro pegado en un extremo, este nuevo habitante de mi mundo.

La gata lo domina con los ojos desde la estatura de los árboles.

Lo observa desde allá, pequeño y perro, saltando de manera incansable para hacerse querer, recibiendo empujones y puteadas, porque no deja caminar a nadie.

Pero él es la insistencia. Quiere a todos con un amor molesto, desprejuiciado, candoroso en sus sobreexplicaciones.

En estas condiciones que rayan lo infrahumano, se despiertan todos los reptiles que las personas guardan como el tesoro de la autodefensa. Y ese poderío animal que dan los saurios, se expresa de miles de maneras en la conducta humana de los hombres sometidos a extremos, como estamos todos aquí, en el campamento.

- El que le pegue al perro es hombre muerto.

Y todos saben que voy a cumplir lo que amenazo, porque yo no amenazo porque sí.



Navegaciones sin regresos


Un barco en su deriva.

Cada vez más lejos, más profano, más arbitralmente separado del centro de los cómodos, del eje de los tibios, del argumento de los perdonados para hacerse acreedores al perdón, del húmedo clamor de los que lloran la pupa de su ombligo y justifican todo a través de ella, como si hubieran alquilado el sufrimiento para usufructuarlo a perpetuidad y que los otros les profesen pena y lástima como una obligación.

Una semilla de maracuyá se deshace en mi boca.

Un barco a la deriva.

Llevo la rebelión condicionada al ejercicio práctico del asco.

Me alejo de las cosas como un buitre se acerca a los cadáveres: cuello curvado en retracción, cargado de hombros, expectante en morboso escepticismo, pico certero, hecho para el destrozo de lo indefendible.

Me cansan las crisálidas que fungen mariposas acróbatas y efímeras de un día, para cagarte el mundo.

Nadie llora en el hombro de los cerdos, aunque hay quien lo intenta. Lo que sucede es que los cerdos no poseen hombros.

Otra semilla de maracuyá se deshace en mis dientes.

Y yo, cada día estoy más lejos.

Mientras se acercan los nuevos ronroneos, yo me alejo en mi sombra que se escapa del alba de las resurrecciones, porque ya sabe que el mundo es circular.

Sé que me alejo, inexorablemente, y que no volveré cuando ya me haya ido totalmente. Porque yo, soy así.

No busco los milagros. Y en los hechos, sé cuando la vida no se hace favorable al ejercicio de la simplicidad y ya requiere del retorcimiento para regresarle estímulos al alma o al cuerpo que ella habita.


Un barco deja un puerto a la deriva.



Letalidad

no era yo en las formas


todo era

ese inmensurable deseo en que te amabas hasta la sodomía

y de paso algo a mí

eso ahí a tu costado


eso

para abrazar en la noches muy largas

de los tiempos de cólera

para joder

con escenas de celos tormentosos

bulímicos


lo que olvidar en alguien


aquello a lo que regresar lamiendo heridas

para volver a herir


no era yo el oscuro objeto de tu deseo vociferador

ni de tu amor infinitamente inconcluso

que reemplazaba caricias por un látigo

para después llorar sobre la sangre


no era yo

el ícono infeliz de tus extravagantes amoríos

con olor a penumbra

y a esa espúrea inocencia de tus relatos trágicos

encima de mi pecho


no era yo el de la carne y de la lengua

por las que suicidarte en un rayo de luna


yo era el del corazón

ese

que no tuviste

encima de la piel



Diario somalí


Con novedad en el frente


Estoy tan exhausto que no existo. Este agotamiento existe por mí. Este agotamiento es lo que existe de mí.

Adentro o afuera de un calabozo, un hombre es su propia cárcel. Uno lo aprende a fuerza de callar y también, a fuerza de decir. Pero por sobre todo, lo aprende a fuerza de saber resistir.

Escribo cartas que voy colgando en pájaros.

Es lo que veo desde aquí. Algunos pájaros, a veces, tan lejanos y pájaros y alados. Entonces, mentalmente y en orden a la urgencia, escribo una carta que engancharle a las rimas de sus alas y la libero a un viento que no existe.

La carta levita igual que los deseos. Es un deseo encima de la tierra y sus corrientes cálidas. que asciende hacia los pájaros.

Como los pescadores que pescan trucha con mosca en los lagos fríos, yo fabrico un señuelo hecho de cosas que se me ocurre puedan gustarle a aquellos pájaros. Luego enhebro la carta. Y ellos se devoran lo que pienso.

A algún lugar llegará. Tienen que cagar en algún sitio.


(de julio a septiembre, 2011)

Pa-té


Estoy en este maldito calabozo y soy dentro de mí la bestia sórdida que odia a los patitos en el lago.

Los odio como se debe odiar. Sin mansedumbre.

Ellos andan orondos y encharcados, navegando en sus pequeños espejitos que sólo reflejan su pat-ez. El mundo es un pato para ellos. Su mundo es un pato que se refleja a sí mismo en ese cir-culito pático en el que hunden el pico para besarse el mismo pico que hunden.

No tener el Galil para enseñarles a volar por su vida, a nadar por su vida y a enterarse de que tienen vida. Tanta sangre de pato y actitud de pato que no sirve ni para hacer un guiso.

No tener el Galil.
Pero cuando te meten acá tenés que dejar las armas en la entrada.

Los patos se la pasan gritando que son patos. Hacen un putopatoescándalo de mirame como nado, mirame como dejo de nadar, mirame como me hundo, mirame como floto, pato corcho, pato que la juega de pato, pato de mierda en resumen, escandaloso, caguiento y puro pato frío en su charquito del que no sabe como levantar vuelo porque su imagen lo imanta sobre el redondelito de su ombligo de patito al agua.

No tener el Galil, carajo. No tener el Galil.

Día y noche ese graznido que no cesa nunca. Ya no sabés si están contentos, tristes, aburridos, metafóricos. Graznan pata-mente por todo lo que existe, como si todo fuera, al fin, lo mismo.

No tener el Galil, para que aprendan a ver las diferencias.

Diario somalí

Haciendo África

Ahora llora.

Ahora se está dando su tiempo de llorar, mientras yo limpio el arma y el japo intenta conseguir un poco del potaje pestilente, para hacer callar a los hermanos, que lloran como Angélica.

Ahora llora mientras yo puteo y hasta un poco la odio.

- Te dije que no fueras.- digo al fin y ella levanta sus ojos de princesa egipcia. Ojos de Horus perfectos, largos, álgidos, avellanados ojos que miran esta mezcla de odio e impotencia que siento en lo que son mis ojos que la miran y repito – Te dije que no fueras, te lo dije, carajo, te lo dije.

El Canguro pregunta que hacemos con la muerta. Los hermanos no comen. Lloran más fuerte, más tupido, más tenso.

Nadie quiere volver a abandonar este círculo extraño que trazamos con dos postes en cruz cada diez metros y un solo hilo de púa que nos proveyó Libia, cuando aún era Libia y mantenía, con su presupuesto, a todos los indigentes que hoy mueren en Somalia, porque ya no hay más Libia para alimentarlos y no habrá.

La muerta sigue ahí, en esa especie de camilla en que intentaron los médicos salvarla o por lo menos, salvar su hijo naciendo.



Salir de este poco de espacio hecho de armas se vuelve una proeza.

Angélica, signada por su nombre, se pensó héroe, pero era sólo un médico.

Matitihau le dijo: Yo no iría. De ser tú, yo no iría.

Y ella le dijo: Pues ve tú, hombre ¿qué acaso no eres médico?

De ser yo, tampoco iría, le respondió él y ella, con alguna cosa de feminista heroica, dijo que ella sí.



- ¿Vienes conmigo?

Su dedo apuntó a mi vocación de héroe.

El japo arrugó toda la cara y se alejó de allí.

Matitiahu siguió explorando cuerpos que arreglar, en un hospital lleno de agonía.

Nadie quiso salir.

Ahmed Mbede no tuvo más remedio, por ser el único chofer con que contábamos.

Se armó hasta con cuchillos y me miró igual que los corderos.



Un esqueleto de mujer paría bajo un árbol.

Y bajo el árbol, era lo mismo que aquellas carnadas que se ponen para cazar al lobo. Pero nosotros no éramos el lobo. El lobo estaba afuera del nosotros y en una jauría hiperquinética, buscando carne blanca, fresca y sana, con la que procrear lobitos fuertes.



Ahmed sigue rezando haber matado. Hace como dos horas y aún reza.

Yo ya no rezo más. O mato o muero y además, en este caso o mato o mueren.

Así que solamente cargo el arma y gatillo. En esto se ha convertido la proeza. En una desesperada lucha por sobrevivir el día de hoy.

La que paría bajo el árbol se murió en la cesárea. El feto estaba muerto y atrancado.

A Angélica la manosearon un montón de monos de entre 12 y 18 años que querían morder su carne blanca.

Ahmed estrenó armas distintas a las ruedas de su camión de suministros que avanza contra todo como una bestia ciega, tratando de llegar a donde hay hombres que salven otros hombres.

Yo hice lo que tenía que hacer.
Yo soy soldado.

Los hijos de la muerta, aún lloran. El japo no les consiguió nada que comer.

(de julio a septiembre, 2011)

Kaddish


En el entierro del hijo de un amigo - que se pegó un tiro con la pistola de mi amigo - sonó mi celular.

Era Roig.

- Coronel...ya sé que está ocupado...pero se acaba de morir su Mish.

*

Mi amigo no lloraba. Parecía como que cumplía con el deber de ir a un velorio ajeno.

*

Yo tampoco lloré. Vine y escribí.

*

- Entierreló nomás, Roig...Donde dé el solcito, si puede ser.

Rosa rosae



Mientras te leo, mis hombres hacen señas.
Los miro de reojo y sigo aquí.
Quizás hasta les hago
un gesto con la mano de "ya voy",
que ya voy, que ya estoy yendo
de nuevo al otro mundo.

Uno golpea la puerta. Está impaciente.
Me enseña los papeles que sacude.
No miro ni respondo. Sigo aquí
en un silencio que se vuelve inmóvil
conforme voy leyendo.

Sigo aquí con profesión de ancla
y vocación de puente
buscando
una orilla remota casi atávica
por la que andar desnudo
hecho de arena y de color castillo.

No escribo reflexiones tremebundas.
No me pienso un filósofo en su roca.
No la voy de poeta de los glifos.
No aspiro a ser mejor que mis iguales
pero sí
a ser mejor que yo
el día del destino que no nombra
tu turbulento azul.

Siempre estás triste como una joya presa
que no engalana más.
Y yo siempre estoy igual de opaco y lento
como un hombre sin sol.

Pero sabemos inventar espacios
para nosotros mismos en los tiempos
en que todo retumba.
Sabemos de nosotros ese escaso jolgorio
festejando el galope de los vientos internos
que nos despeinan
al pescante del alba.

Día a día se nos repite aquello así
de estar
uno con otro
como una profesión de nacimiento.

Nunca anochece al fondo de la rosa.

Imagen by Dennis Stock

 

Cretáceo superior


Es una especie de método en la luz eso de poder conservar la oscuridad, lo desapercibido, volverse una cosa adentro de un paisaje en el que no se nota, como un trazo, un trazo del trazado general y de su acontecer, un color que armoniza, como todo lo neutro, en ese ser infinitamente neutro dentro de una corroboradora neutralidad. Como los grandes carniceros, un estatismo impúdico, que no mueve el entorno si respira, pero que está allí, con la feroz estridencia de su acecho. Y más allá, la presa.

Al final esto no es más que una jaula que ni es estrecha ni es infinita. Es solamente una cuestión de muchos territorios y de muchas fronteras que tratan de marcarse las unas en las otras como si no existiera el tiempo de hacer tratos.

El más feroz triunfa como en Jurasic Park. El más feroz en este caso, no es el que representa al Tiranosaurio, sino el que tiene la inteligencia para ver que los Tiranosaurios murieron entre el Cretáceo Superior y el Terciario. Pero pocos saben de historia ya que ni siquiera recuerdan la oficial o aquella no oficial en la que participaron haciéndola.

Entonces le pregunté si sabía si habían existido los dinosaurios.

- Claro...jua,jua...¿Qué pregunta me hacés? Si hay huesos y todo...

Esa es justo la diferencia. Que algo quede de algo que existió.

Diario somalí

Miscelánea

- ¿Van hacia la región central?.. Pero si ustedes son judíos...
- Y médicos.- respondió Mathitiau guiñándole un ojo a Ahmed Mbede antes de trepar al camión de suministros.

(julio- septiembre, 2011)

Diario somalí

Cazando patitos


Retén, retén. Pritttttt, pritttttttt.. Retén a las 1200.

Abullah Thade, chofer de la Amisom, lleva dos periodistas en el primer vehículo y nosotros tres médicos en el último. Va con su uniforme de Amisom y con él viaja un cabo ruandés, muy mal armado.

Nosotros no usamos uniforme, pero llevamos buenas armas, tal como nos sugiriera el coronel kenyano que liberó el convoy y que no nos auguró buena estadía ni nos aventuró sobrevivencia. Nos alcanza con el color de piel para que el odio se nos venga encima, no importa de que parte se estanque la verdad.

Todos aprontamos los papeles de las ONGs que todavía pueden operar en esta parte central si acatan normas previstas en el código del miedo. Aprontamos papeles, dinero y ya sabemos qué parte de la carga (humanitaria) debe bajarse aquí, si uno pretende seguir vivo el camino.

- Vos das el tipo árabe.- me dice el japo, que anda con una Canon futurista, sacando fotos a todo lo que ve. Él va de periodista japonés y en el fondo, su origen oriental lo salva del odio que nos crucifica a los demás.

Los australianos van de técnicos ecologistas, interesados en el asunto de cómo combatir la desertización y la inclemencia. Se han puesto tan Greenpeace que hasta dudo que durante una emboscada, puedan usar las armas que escondemos.

Empieza el redoblar de la metralla.

Abullah no se detiene. Todo el convoy embiste lo que encuentra, con la desesperación de un elefante, mientras llueve el estruendo en todas partes, como si hubiera fiesta en el camino.

Los mercenarios nos persiguen un rato en que nosotros nos hacemos fuertes dentro de la caja del camión y resistimos, repeliendo fuego. Parecen una horda de monos de Birmania que han aprendido a hablar y nos insultan. Por fin se cansan o sufren muchas bajas y sus pick-ups artilladas empiezan a quedarse en el paisaje, enlentecidas y lejanas, casi inmóviles.

Alguna que otra persevera aún, con los neumáticos despedazados.

- Parece Jumanji..¿te acordás la parte de los monos manejando el taxi?

El japo abandona la mira con que apunta y gira la cabeza. Me sonríe. Luego aprieta el gatillo nuevamente.

La última pick-up da un trompo y vuelca.

Nos acomodamos en silencio, de regreso a los bancos laterales.

Clear, Abullah...all clear...priiiiit...priiiiit...pritttt


(de julio a septiembre, 2011)

De las cartas cerradas y otras incoherencias (toma II)

Las vidas azarosas no dejan muchos rastros. Se van perdiendo en todas sus tormentas. 

Uno aprende a convivir con la prohibición, de modo que busca otras formas de su fecundidad, otros parámetros. Aprende a desprenderse de los rastros con que puedan atarlo a algún perfil que acabe por condicionar una o todas sus existencias.

Uno aprende de los desprendimientos hasta dónde consigue sobrevivir sin tantas partes.

Me desprendí a la fuerza de mis hijos, desde ya que me puedo desprender de mis papeles, porque al desprenderme de todo lo que quise, me desprendo de mí.

Porque uno es lo que quiere yo no existo

Participan en este sitio sólo escasas mentes amplias

Chocolate bombón

En tu cuarto hay un pájaro (de Pájaros de Ionit)

Un video de Mirella Santoro

SER ISRAELÍ ES UN ORGULLO, JAMÁS UNA VERGÜENZA

Sencillamente saber lo que se es. Sencillamente saber lo que se hace. A pesar del mundo, saber lo que se es y saber lo que se hace, en el orgullo del silencio.

Valor de la palabra

Hombres dignos se buscan. Por favor, dar un paso adelante.

No a mi costado. En mí.

Poema de Morgana de Palacios - Videomontaje de Isabel Reyes

Historia viva - ¿Tanto van a chillar por un spot publicitario?

Las Malvinas fueron, son y serán argentinas mientras haya un argentino para nombrarlas.
El hundimiento del buque escuela Crucero Ara General Belgrano, fue un crimen de guerra que aún continúa sin condena.

Porque la buena amistad también es amor.

Asombro de lo sombrío

Memoria AMIA

Sólo el amor - Silvio Rodríguez

Aves migrantes

Registrados... y publicados, además.

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Feria del Libro de Jerusalem - 2013

Feria del Libro de Jerusalem - 2013
Café literario - Centro de convenciones de Jerusalem

Acto de fe

Necesito perdonar a los que te odiaron y ofendieron a vos. Ya cargo demasiado odio contra los que dijeron que me amaban a mí.

Irse muriendo (lástima que el reportaje sea de Víctor Hugo Morales)

Hubo algo de eso de quedarse petrificado, cuando vi este video. Así, petrificado como en las películas en las que el protagonista se mira al espejo y aparece otro, que también es él o un calco de él o él es ese otro al que mira y lo mira, en un espejo que no tiene vueltas. Y realmente me agarré tal trauma de verme ahí a los dieciseis años, con la cara de otro que repetía lo que yo dije tal y como yo lo dije cuarenta años antes, que me superó el ataque de sollozos de esos que uno no mide. Cómo habrá sido, que mi asistente entró corriendo asustado, preguntándome si estaba teniendo un infarto. A mi edad, haber sido ese pendejo y ser este hombre, es un descubrimiento pavoroso, porque sé, fehacientemente, que morí en alguna parte del trayecto.

Poema 2



"Empapado de abejas
en el viento asediado de vacío
vivo como una rama,
y en medio de enemigos sonrientes
mis manos tejen la leyenda,
crean el mundo espléndido,
esa vela tendida."

Julio Cortázar

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.
1a. edición - bilingüe