Apendicitis crónicas (las páginas colgantes)

TEORÍA DE LA PROSA - IRRESPONSABILIDAD DEL VERSO - IMAGINACIÓN DEL ENSAYO - INCERTIDUMBRE DE LA REFLEXIÓN

El 2 y el 3



El 2

Todos desarraigamos alguna vez al menos.
Todos desarraigamos del hábito profundo
y cambiamos de voz y de mutágeno.

Necesitamos alejar la estopa
del fuego imperdurable
y hacernos con añicos de otros espejos rotos.

En el caleidoscopio de veleidad vacía
somos multicolores, fugazmente
con una indefensión irresponsable.

El tiempo no devuelve los viejos crisantemos
ni absuelve
impasible
al deterioro.

En las viejas escuchas
se esfuma la zozobra y se hace niebla
debajo de la sombra, su humo muerto.










El 3

Claro que hay un después.
Siempre guardo un después entre los dientes
de aquel que resucita de un repollo.

Los malos hábitos son sólo malos hábitos
tengan la voz que tengan
y la luna que tengan sobre el reloj de sol.

No contradigo el sino.
Me he habituado
a repetir y replicar seísmos entre rosas de esperma.

Cuatro filas de dientes como un shark de película,
mordedor de la fábula,
retasador del cuento que ha cerrado su espita
al hollín manoseado de la lengua
que se bifurca, asociada y sosa.

En esta habitación desaforada no existe el interés
ni el menoscabo.
Cada uno es una vela al viento
y navega en la burla más conspicua,
lejano y temerario como su propio mar.

Cada uno de todos los conmigo
es un arrodillador de anticiclones.

(De: Pandemia de oceanario)

Escenas del hogar





Mientras lo observa con esa juventud itinerante que se alarga en sus ojos como una vieja sombra de tragedia que se va olvidando, el hombre piensa un poco en sí mismo. 

Casi no recuerda ya cómo se hace eso de pensar en sí mismo porque no tiene otra práctica que la de pensar en los demás y encontrarse pensando, por un instante, en su propio ser, le altera el gesto. Se siente extravagante, inmerso en ese momento de autodedicación, como un ajeno en una casa extraña que tiene otras costumbres.

Entonces piensa en que quizás ha perdido definitivamente aquel toque poético que fabricaba frases en su mente con una agilidad de equilibrista y que luego sería elogiado por la crítica dada su violenta creatividad.

O quizás, ese toque poético lleno de la magia constante que rodea la buena poesía, se ha replegado, como él se ha replegado, a unos cuarteles de invierno siberiano, alejados del sol de la fanfarria y envueltos en el hábito que propugna el deber.

El hombre mira la alegría con nostalgia. Mira la luz con nostalgia. 

La alegría está allí, delante de sus ojos pero él la mira con la nostalgia de lo que no se ve o no se alcanza. Sin embargo, la alegría está allí, como una sonoridad que permanece.

Los ojos del hombre vuelven al otro hombre frente a él. Mira a un muchacho allí o ese que mira le parece en realidad un muchacho, quizás, porque conserva la alegría. 

El muchacho afina un violín de madera rojiza; “como la alegría”, piensa el hombre que mira al que afina el violín.

Hay un niño con ellos. 

El niño es como el hombre que mira la alegría con nostalgia. Es quedo, pequeño y quedo, un susurro que aún nadie ha descifrado y tiene un tizne gris en su silencio. Sus ojos codician el violín del que el muchacho extrae algunas notas y en el que luego, con un movimiento entusiasta, un movimiento de alegría, piensa el hombre que mira al muchacho y al niño, comienza a tocar con energía una melodía de su pueblo natal. 

Al hombre que mira la alegría con nostalgia se le figura que esa música suelta al aire chorros de color amarillo que bañan al niño tiznado con silencio gris. 

El niño ríe y el violinista da unos cuantos saltos, como un enorme y delgado feriante que anda trashumando por el mundo a lomos de un circo hecho con música. Luego, el violinista le da el violín al niño. Lo apoya sobre un hombro del niño y le explica cómo se sostiene un violín. 

Ubica los dedos diminutos del niño encima de las cuerdas, lo empodera con el arco flexible y mientras lo guía con su mano, el violín vibra y suelta una nota chirriante y temblorosa que se afirma despacio hasta ser una nota que se expande en el aire, una y otra vez mientras el arco frota el encordado.

El niño es un espacio de asombro y sobresalto. Mira al hombre que por primera vez sonríe, igual que el violinista, igual que el niño que susurra azorado: Papá… toco el violín. 

Luego, cuando el hombre que mira la alegría con nostalgia escribe lo que ha presenciado, lo acucia una pregunta ¿por qué, hombres como Vlady y como yo, somos capaces de elegir las armas como forma de vida?

(De: Otros diarios)

El 1





Sé que no estoy ni existo en el antojo
rupturista inconcluso del silencio,
porque no sé qué hacer con lo que he sido.

No sé qué hacer con este yo que muta,
que se deshace y hace
como un experimento desde el que escapan sombras.

Debería poder hablar conmigo,
yo que vengo desde el azul del sur
como una azul pandemia de oceanario.

Debería saber leer a Dios,
ser un grafólogo de sus jeroglíficos
asados en la piel del puño y letra.

Yo también
soy de ese tiempo oscuro,
de ese tiempo famélico de las devastaciones
que llueven en pedazos
y se aprietan el corazón con llantos y caminos
mojonados de nadie.

El arte del silencio se ha dejado
el alma boquiabierta y me pregunto cómo
romper su impunidad con un milagro.

(De: Pandemia de oceanario)

Tres flores nuevas en un jardín de invierno.







Traigo a tres niños conmigo.
Son tres puñados de polvo
flotando ante un precipicio.

Como a piedritas de escombro
traigo tres niños conmigo
que el hombre ha dejado solos.

Traigo a tres niños conmigo,
tres niños frágiles, hondos,
hechos de horror, sin cobijo.

Como a tres pájaros rotos
traigo a tres niños conmigo
desalados y brumosos.

Dios me pensó para asirlos.
Hizo a mi mano socorro
y yo sujeté tres niños.

Porque conoce mis códigos
me los puso en el camino.

Dios me confió tres retoños
y yo los traigo conmigo.

(Mi familia numerosa hoy por hoy
tiene seis hijos). 

Para Amira, Mawiya y Bashir.

De las cartas cerradas y otras incoherencias (tomo II)




רות
 

Te miro junto a mí, intacta y ancestral, serena como Ceres dormida, así de pródiga. Un perfecto prodigio inclaudicable en su esencia cereal, tu voz etíope que surge como un rito desde la profundidad de los dilemas.

Tu nombre te define y estás conmigo como un tambor de Dios, una impredecible manifestación de la fuerza. Estás conmigo como un hecho de fe.

Te miro, y veo una niña dormida, amasada de trigo en la mañana, humectada con leche y repujada en sol. Estás hermosa como hace veinte años, y en tu belleza, en esa inmunidad de tu belleza, no hay nada perfectible, porque tu serenidad no es perfectible. Es una balsa dulce que redime la furia del naufragio y surca un mar que, domesticado por tus manos, se le entrega.

Reconozco tu aroma cuando me llega a través del aire. Tu aroma me da fuerza y alegría. Me hace salvo.  Y tu risa es una explanada con magnolias, la sombra sideral de una alameda, un mundo hecho con nidos.

Tu nombre te define como un gesto de Dios entre mis ojos y una señal de paz en mi latido.

Tenía que dar la vuelta al mundo para volver a hallarte en nuestra casa, con tus manos dispuestas al atajo que crean las caricias y tu boca dispuesta a enseñarme un poco de tu sabiduría, de toda esa inquebrantable firmeza de tu paz.

Ahora te siento respirar sobre mi pecho y tu respiración se lleva mis tormentas como un viento de frutas, como un montón de alas que te prestan los Fénix de la vida y aquí estamos, en una noche verde que vaticina invierno, después de hacernos el amor como dos jóvenes que se vuelven sanamente vírgenes cada vez que se rozan.

Estás feliz. Tendremos ya tres hijos cuando llegue el invierno y esta casa será una casa ancha y perdurable, repleta de familia, ahíta de risas. 

Sin vos, no lo habría conseguido. Sin tu perseverancia, sin tu fidelidad de esposa bíblica, sin tus pausas que obligan a pausarme, sin tus largos espacios de silencio en que debo escuchar mi corazón, sin tu discreta ternura persuasiva que señala los lucernarios en mis mapas, seguro no lo habría conseguido.

Te miro, dormida junto a mí y siento una emoción que me avasalla.

Hoy me dijiste: “Hemos soñado a tiempo”.

Y es verdad.






Participan en este sitio sólo escasas mentes amplias

Chocolate bombón

En tu cuarto hay un pájaro (de Pájaros de Ionit)

Un video de Mirella Santoro

SER ISRAELÍ ES UN ORGULLO, JAMÁS UNA VERGÜENZA

Sencillamente saber lo que se es. Sencillamente saber lo que se hace. A pesar del mundo, saber lo que se es y saber lo que se hace, en el orgullo del silencio.

Valor de la palabra

Hombres dignos se buscan. Por favor, dar un paso adelante.

No a mi costado. En mí.

Poema de Morgana de Palacios - Videomontaje de Isabel Reyes

Historia viva - ¿Tanto van a chillar por un spot publicitario?

Las Malvinas fueron, son y serán argentinas mientras haya un argentino para nombrarlas.
El hundimiento del buque escuela Crucero Ara General Belgrano, fue un crimen de guerra que aún continúa sin condena.

Porque la buena amistad también es amor.

Asombro de lo sombrío

Memoria AMIA

Sólo el amor - Silvio Rodríguez

Aves migrantes

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Feria del Libro de Jerusalem - 2013

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Café literario - Centro de convenciones de Jerusalem

Acto de fe

Necesito perdonar a los que te odiaron y ofendieron a vos. Ya cargo demasiado odio contra los que dijeron que me amaban a mí.

Irse muriendo (lástima que el reportaje sea de Víctor Hugo Morales)

Hubo algo de eso de quedarse petrificado, cuando vi este video. Así, petrificado como en las películas en las que el protagonista se mira al espejo y aparece otro, que también es él o un calco de él o él es ese otro al que mira y lo mira, en un espejo que no tiene vueltas. Y realmente me agarré tal trauma de verme ahí a los dieciseis años, con la cara de otro que repetía lo que yo dije tal y como yo lo dije cuarenta años antes, que me superó el ataque de sollozos de esos que uno no mide. Cómo habrá sido, que mi asistente entró corriendo asustado, preguntándome si estaba teniendo un infarto. A mi edad, haber sido ese pendejo y ser este hombre, es un descubrimiento pavoroso, porque sé, fehacientemente, que morí en alguna parte del trayecto.

Poema 2



"Empapado de abejas
en el viento asediado de vacío
vivo como una rama,
y en medio de enemigos sonrientes
mis manos tejen la leyenda,
crean el mundo espléndido,
esa vela tendida."

Julio Cortázar

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.

Mis viejos libros, cuando usaba otro seudónimo y ganaba concursos.
1a. edición - bilingüe